dimecres, 26 de juliol de 2017

SEVILLA. LAS TRES LÁPIDAS DE QUEIPO DE LLANO Y LOS TRES NIETOS QUE DEFIENDEN SU TUMBA EN LA MACARENA

http://www.todoslosnombres.org/content/noticias/sevilla-las-tres-lapidas-queipo-llano-los-tres-nietos-que-defienden-su-tumba-en-la



Texto pie de foto: 
Así ha ido cambiando la lápida en la basílica: el título de "excelentísimo Sr. Teniente General" fue sustituido por "hermano mayor" y la fecha del golpe de Estado, por el escudo de la hermandad.
EL MUNDO | ULISES CASTILLO | 25-7-2017
"¡A los muertos hay que dejarles que reposen en paz! ¿Ahora hay que desenterrar a todos los muertos?". Es 18 de julio y Genoveva García Queipo de Llano, nieta del general bajo cuyo mando fusilaron a más de 12.000 personas sólo en la provincia de Sevilla hace 81 años, atiende a Crónica desde Madrid indignada con los que piden -por "genocida"- sacar los restos de su abuelo de la tumba de honor que ocupa en la basílica de la Macarena.
Unas horas antes, la plataforma Andalucía Republicana, coincidiendo con el golpe del 18 de julio de 1936, ha celebrado una vigilia "antifascista" de protesta ante el Arzobispado y ha enviado una carta al papa Francisco y al arzobispo Juan José Asenjo reclamando que exhumen y retiren los restos de Gonzalo Queipo de Llano y Sierra (1875-1951) del popular templo sevillano.
Queipo impulsó su construcción en 1941 en el solar de un centro anarquista destruido y era hermano mayor honorífico de su hermandad. Pero la plataforma considera ofensivo que familiares de fusilados que son devotos de la Virgen tengan que ver la tumba de su victimario al entrar en la basílica, en el suelo de la capilla del Cristo. En la ciudad los fusilados por la justicia de Queipo sumaban 3.028 en el primer semestre desde el golpe.
El Ayuntamiento, gobernado en minoría por el PSOE con apoyo de IU y Participa Sevilla (del ámbito de Podemos), ha pedido al arzobispo y a la hermandad que atiendan la moción municipal de hace un año -con voto en contra del PP y abstención de Cs- que reclama la exhumación, apelando a las leyes estatal y autonómica de eliminación de símbolos de exaltación de la dictadura.
A su nieta, en cambio, estas iniciativas le parecen una muestra de "radicalismo", que ella condena "sean de izquierda o derecha". Genoveva García Queipo de Llano (1945) es catedrática de Historia Moderna y Contemporánea de la UNED. Sin embargo, cuando se le pregunta por su valoración objetiva de los años de victoria y terror de su abuelo, simbolizadas en los fusilamientos junto a la colindante muralla de la Macarena, a pocos metros de la basílica, elude pronunciarse y pregunta: "¿Y las barbaridades del otro lado? Se hicieron cosas muy mal por ambos bandos".
En respuesta a los que piden desterrar a su abuelo de la Macarena, argumenta que la tumba ya no representa ofensa alguna puesto que desde 2009 "se le han quitado todos los símbolos del franquismo". "¿Ahora qué se gana con eso?", plantea, recordando que en esas fechas los responsables de la hermandad se dirigieron a los familiares para consultarles la conveniencia de aplicar la ley estatal y modificar la lápida quitando las referencias a la dictadura. "La familia lo aceptamos". De la lápida de mármol original quitaron la fecha "18 de julio 1936", el emblema de la Gran Cruz Laureada de San Fernando con que le premió Franco y otros escudos, y donde ponía "El excelentísimo Sr. teniente general", grabaron "Hermano mayor honorario", para dar a entender que está enterrado allí como benefactor y no como militar de la dictadura.
"El hermano mayor nos dijo que era para que la gente viera que se ha cedido" y que "mientras él siga, no se mueve". La nieta cuestiona los cambios de rotulación callejera por la memoria histórica y lamenta que a su marido, el ya fallecido historiador y político de UCD Javier Tusell, el Ayuntamiento de Madrid aprobó dedicarle una calle en 2005 y que aún está esperando. "Mejor que no se la pongan, así no se la quitan después", ironiza.
El general Queipo de Llano tuvo con Genoveva Martí Tovar cuatro hijos: Ernestina, Mercedes, María y Gonzalo. Sobreviven 11 nietos repartidos entre Madrid y Sevilla, donde reside Gonzalo García Queipo de Llano, presidente de la Fundación Pro Infancia Queipo de Llano, heredera de los bienes que obtuvo el prohombre por suscripción popular para su causa benéfico-social. Nacido en 1935, la sublevación de su abuelo lo sorprendió con su madre, Mercedes, en la Málaga roja, de donde escaparon. Aunque de eso no habla. Tampoco de los crímenes de guerra de su pariente. "Lleva allí enterrado 66 años. La decisión de la familia es no remover esto, dejar que los muertos reposen, que ya tendrán allí arriba el juicio que les corresponda, que es el más justo", dice con voz pausada.
"No tienen ni idea [los que protestan]. Algunos piensan ganar una guerra que les tocó perder. Está enterrado allí por ser hermano mayor honorario, porque gracias a él se construyó la basílica y la Macarena sigue existiendo y no se quemó. Que descanse en paz y que [la guerra] no vuelva a ocurrir". Explica que ni el arzobispo ni la hermandad pedirán a la familia llevarse los restos y destaca que los manifestantes de este 18 de julio eran sólo un puñado. Pero ¿se pone en el lugar de los familiares de los fusilados? "¿Y a los cientos que asesinaron por ser católicos?", replica, y aprovecha para afirmar que "está ya demostrado" que su abuelo no mandó matar a García Lorca con el famoso "dadle café, mucho café".
Otra nieta que también nos responde amablemente al teléfono en Madrid, Pilar Alcalá-Zamora Queipo de Llano, aclara al periodista que a su abuelo el militar Gonzalo -el otro abuelo era el político Niceto, presidente de la República- "no usó nunca el título de marqués [que Franco le otorgó en 1950] y devolvía las cartas cuando le felicitaron por el nombramiento; decía que su único título era el de general". Por cierto, subraya que Gonzalo "admiraba" a su consuegro Niceto.
Queipo de Llano era el jefe militar de la casa de Alcalá Zamora cuando éste, conservador católico, presidía la II República. Ernestina, la hija del general, se casó con Niceto, hijo homónimo del presidente. Su hija Pilar, que tenía 10 años cuando Queipo murió en 1951, defiende que su abuelo malo siga enterrado donde está. "Gracias a mi abuelo se salvó la [Virgen] Macarena y en agradecimiento a eso la hermandad le concedió la tumba, que nadie la pidió", dice en alusión al temor de que la quema de templos en el barrio en reacción al golpe del 36 alcanzara a la iglesia de San Gil y a la talla mariana, que varios cofrades escondieron en sus casas.
"La palabra la tiene la hermandad, que es la dueña de la basílica", apunta Pilar sobre el futuro de los restos de su abuelo -y de su abuela-. Aunque no cree que desde la hermandad les pidan que se lleven sus huesos, admite: "Si hay que sacarlo, buen sitio encontraremos".
¿Y los fusilamientos en la muralla de la Macarena siendo su abuelo el jefe supremo del Ejército del Sur? "De eso no sé nada. Las guerras son guerras", dice con pesar. Se resigna a que llamen asesino a su abuelo, "lo mismo que se lo llaman a los socialistas desde el otro bando". Ella coincide con su prima Genoveva en destacar que con la reforma del sepulcro de 2009 ya no quedan menciones franquistas en la lápida. No objeta que quitaran esos signos, sino también la cadena que rodeaba la tumba. "Me da mucha pena, antes tenían la cadena para que nadie la pisase, y ahora...". Ahora cualquiera se puede pasear sobre ella.
El último muerto que le quieren colgar: el cura mayordomo de la hermandad
Cuando el Ayuntamiento quiere sacar los restos de Queipo de Llano de la Macarena, a oídos de Crónica llega una historia poco conocida sobre un cura fusilado, también macareno, que sería el último muerto que le quieren atribuir al general. El episodio no está claro: no existen documentos que lo atestigüen, pero sí testimonios que dicen que el hombre fue fusilado un día después de ir a quejarse al militar...
Según afirma el historiador José María García Márquez, experto en la represión en Sevilla, aquel cura se llamaba Antonio Sáez (o Sáenz) Morón y era capellán del hospital de San Lázaro anexo al cementerio, además de un hombre importante en la Macarena, donde en 1932 era mayordomo de la Virgen, nada menos.
En su libro Por la religión y la patria, el propio García Márquez y su compañero el historiador Francisco Espinosa recopilaron varios testimonios que indican que el cura macareno fue asesinado por ir a quejarse a Queipo en persona de que estaban enterrando aún vivos en las fosas del cementerio a los recién fusilados. "Un día después, lo mataron", según contaron dos fugitivos al llegar a zona republicana, el ferroviario Juan Mata Toledo y Miguel Rodríguez Bandera.
"También fue muy conocida la noticia del asesinato del cura en La Algaba (de donde eran varios de los enterradores del cementerio) y así nos lo indicó en su día un vecino del pueblo y empleado del cementerio de Sevilla. Es decir, que diferentes fuentes nos apuntaban el suceso pero ninguna de ellas nos facilitaba el nombre. Fue finalmente una entrevista que le hicimos al nieto de Juan Clemente Trujillo, alcalde de Alcalá de Guadaira en 1936 que fue asesinado, la que nos indicó el nombre del sacerdote. Resulta que Sáez Morón había sido preceptor suyo en su pueblo natal de Herrera", escribieron los investigadores.
García Márquez matiza que, a falta de más información sobre ese cura macareno -en el Arzobispado no se la facilitan, según denuncia-, no se puede confirmar su destino y hay que considerarlo "un desaparecido más". "Él", opina, "sí que merecería un enterramiento de honor en la Macarena".

GIJÓN (ASTURIAS). «A MI MADRE LA MATARON PORQUE ALGUIEN LA VIO CON UN PAÑUELO ROJO Y UNA PISTOLA»


https://shar.es/1TCoYd



Texto pie de foto: 
Amparo, ayer, en el paseo del Muro. / J. PAÑEDA
Hoy se descubrirá una placa en el Nicanor Piñole Amparo Orejas López Hija de una fusilada durante la guerra civil
EL COMERCIO | MARCOS MORO | GIJÓN | 26-7-2017
Cumplirá 81 años el próximo 2 de agosto. Ella insiste en que nació en 1936, pero ni el aspecto físico ni la forma de expresarse concuerdan con lo que se espera de alguien de esa edad. Ella es María Amparo Orejas López, hija de Anita Orejas, fusilada a los 23 años en Gijón tras la entrada en la ciudad de los 'nacionales', en octubre de 1937. Vive la mayor parte del año con su marido en Francia, pero cada verano acude a la ciudad en la que se crió con unos feriantes y donde su madre tuvo un trágico y violento final en plena juventud. Hoy será una de las protagonistas durante el acto de homenaje a las mujeres represaliadas por el franquismo que se celebrará esta tarde en el Museo Nicanor Piñole, con el descubrimiento de una placa de recuerdo, y que parte de una iniciativa del grupo de Xixón Sí Puede.
-¿Quién fue su madre?
-Anita Orejas. Una mujer natural de Sama de Langreo que fue empleada del hogar en Gijón y entró a trabajar como enfermera en el Sanatorio Covadonga durante la guerra. También fue afiliada al Partido Socialista. A mí me tuvo de soltera. La condenaron a muerte acusada de un delito de rebelión militar. Fue en uno de esos Consejos de Guerra sumarísimos que se celebraron en el Antiguo Instituto. La cogieron los 'nacionales' el 1 ó 2 de noviembre de 1937, la metieron en la cárcel de El Coto y a los pocos días estaba fusilada.
-¿En qué se fundamentó esa condena?
-En una denuncia. La mataron porque alguien dijo que la había visto con un pañuelo rojo y con una pistola durante la etapa de dominio republicano de la ciudad. ¿Cómo se puede asesinar así a una persona de 23 años? ¿Qué cosa tan mala pudo hacer para calificarlo de rebelión militar? Que yo sepa nunca hizo daño a nadie, solo defendió como pudo sus ideas.
-¿Y qué pasó con usted?
-Me crié en Gijón. Fui entregada a otra familia, una pareja de feriantes con un puesto de tiro al blanco que me pusieron a trabajar con siete años. Nunca me reconocieron. Solo fui al colegio (con las monjas del San Vicente de Paúl) tres meses y aprendí a leer con el periódico sola. Mi infancia y adolescencia transcurrieron de feria en feria por toda España con mi familia de acogida, que eran del otro bando, del franquista. La madre del hombre que me recogió era Hortensia Álvarez, que fue presidenta de Acción Católica y murió en una prisión flotante. A menudo la gente trataba de hacerme daño señalándome como «la desgraciada hija de la roja, de la fusilada» pero yo nunca les di el gusto de que me vieran sufrir, porque era y soy muy orgullosa. A pesar de eso siempre me sentí protegida y en cierto modo controlada respecto a mi bienestar. Sospecho que pudo deberse a la buena posición de la familia de mi padre, quien a día de hoy desconozco quién es. A los 26 años me fui a Francia sin saber una sola palabra de francés a buscar empleo y cambié de vida. Allí me casé, tuve un hijo y trabajé para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
-¿Cómo supo de todos los detalles de la historia de su progenitora?
-Yo siempre quise conocer mis raíces familiares, pero hasta 2004 solo tenía poco más que el dato del nombre de mi madre y la referencia de su fusilamiento. La cosa cambió cuando acudí con mi marido, Jean Pierre, a una de las mesas redondas que se celebraban en la Semana Negra. Allí tuve mi primer contacto con Víctor Álvarez, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que me facilitó toda la información que hoy en día tengo sobre mi madre. En la documentación que tiene esta asociación no consta que Anita tuviera descendencia, por lo que creen que ella quizás quiso esconderme u ocultarme, siendo yo aún un bebé, cuando iban a juzgarla o fusilarla.
-¿Conserva alguna foto de ella?
-Llevo con orgullo los dos apellidos de mi madre, pero tengo la pena de que no he conseguido ninguna imagen de ella en vida, pese a que lo he intentado por todos los medios. Se cometieron atrocidades por parte de los dos bandos, pero sigue habiendo miedo a hablar en contra del franquismo. Ese temor lo he comprobado con los descendientes de los ocho hermanos que tuvo mi madre, actualmente repartidos por toda España. Mi tío, el único hermano de mi madre que quedaba vivo, murió hace poco en Madrid y no quería hablar nada de lo ocurrido con Anita hace 80 años.
-¿Qué le parece el homenaje que se le tributará esta tarde a Anita junta a otras mujeres fusiladas?
-Estoy muy contenta. Me considero republicana. Mi madre no hizo grandes cosas. Tenía sus ideas y las defendió como pudo. Yo soy de las que pienso que no hay que estar todo el rato lamentándose del pasado, sino que hay que evitar que ese pasado vuelva a suceder. Y eso se consigue instruyendo y educando a las nuevas generaciones. Hubo gente buena y mala en los dos bandos, pero los que gobiernan actualmente en España no me parecen muy honestos por los casos de corrupción.
-¿Espera alguna otra restitución de la memoria de su madre?
-Yo ya no lo veré pero me gustaría que se le dieran sepultura a sus restos y que se juzgaran en algún momento los crímenes del franquismo. Es una vergüenza que exista un lugar como el Valle de los Caídos.

El nieto del "rojillo" busca a su abuelo fusilado en la Guerra Civil

http://www.eldiario.es/aragon/sociedad/rojillo-abuelo-fusilado-Guerra-Civil_0_668783327.html


A Casimiro Malo Satué lo fue a buscar la Guardia Civil a casa cuando languidecía el verano de 1938 y el país llevaba dos años en llamas por la guerra. Era labrador, tenía 41 años y sus delitos fueron la “rebelión militar” y ser miembro del Comité Republicano de Alcalá del Obispo. Tras dos meses en la cárcel de Huesca, un consejo de guerra le sentenció a muerte. Le fusilaron junto a la tapia del cementerio de la carretera de Zaragoza el 25 de noviembre de 1938. Dejó tres huérfanos. Fue su primera muerte. Su nieto, Alberto Malo, quiere evitar la segunda y busca sus restos para darles “un entierro digno” en el pueblo y junto a la que fue su esposa. Por ahora, sin éxito.
Parecía muy cerca de encontrarlo después de que el 15 de julio comenzasen los trabajos de exhumación en el espacio donde se cree que arrojaron a Casimiro sus verdugos. Cuadro 1, sepultura 83. Pero el pasado sábado 22, tras cavar una fosa de unos dos metros de profundidad y superar todos los obstáculos burocráticos, Casimiro no estaba allí. “Esto podía ocurrir”, reconoce Alberto Malo. Se trataba de la primera exhumación relacionada con la Guerra Civil que, a petición de los familiares, se llevaba a cabo en la capital oscense y suponía el culmen de meses de labor previa de investigación y documentación.
El trabajo de campo se inició junto a familiares de Casimiro Malo, personal del Ayuntamiento de Huesca y voluntarios del Círculo Republicano “Manolín Abad”, que se turnaron en las tareas a las órdenes del arqueólogo jefe, Antonio Alagón, y con paladas de solidaridad, cigarrillos compartidos y rostros en los que se conjugaban la gravedad del momento y el lugar con las sonrisas optimistas. Como cabía esperar, a un metro y medio de profundidad aparecieron los restos de otra persona anónima enterrada en la década de los 70. Así, se necesitaba un permiso del Consistorio para trasladarlos a un osario. Un metro más abajo debería haber aparecido Casimiro. Las labores se retomaron una semana después hasta que fue una evidencia que allí ya no quedaba nada.

Podrían haberle trasladado a otra fosa

Alagón entiende que “es el interior de un cementerio que ha sido muy utilizado y podrían haberse producido invasiones de otras fosas o tumbas. Hubo además un expolio de fosas comunes para rellenar los bajos del gran mausoleo del Valle de los Caídos. La certeza absoluta no existía”. Otra teoría apunta a que décadas atrás, cuando todavía no existían las pruebas de ADN, se produjeron exhumaciones no documentadas. Familiares en busca de sus allegados podrían haberse hecho al mismo tiempo con los restos de otras personas para darles sepultura sin importar que allí hubiese huesos de dos, tres o incluso más ejecutados de la Guerra Civil.
El nieto de Casimiro está arropado por el Círculo Republicano “Manolín Abad” de Huesca, que ha asumido como propia la tarea de dignificar a los 548 republicanos, 535 hombres y 13 mujeres, asesinados en Huesca entre 1936 y 1945. Detallar el papel de la capital del Alto Aragón en la Guerra Civil necesita muy pocas líneas en cualquier manual. El bando sublevado no sufrió demasiado para conservar la ciudad. No fue ni Teruel, ni Guadalajara ni Brunete. Ni siquiera Belchite. George Orwell participó en el sitio republicano a la Huesca fascista, como relata enHomenaje a Cataluña. Así que la historia se escribió a partir de las facturas cobradas por el bando vencedor.
Toño Moliner, responsable de exhumaciones del Círculo, explica que los trabajos previos incluyeron “la recopilación de datos de estos ciudadanos y el levantamiento de un memorial en el Parque Mártires de la Libertad en el que se nombra a todos ellos. Es un tributo a las familias que sufrieron la represión franquista”. Con la información obtenida se editó el libro Nunca hemos oído pedir perdón, ya agotado, que incluye notas biográficas de las personas asesinadas y además su posición en los cementerios municipal y de Las Mártires.
Alberto Malo, nieto del asesinado, en el centro con camiseta azul.
Alberto Malo, nieto del asesinado, en el centro con camiseta azul. MIGUEL BARLUENGA / HUESCA

“El hijo del rojillo”

Casimiro Malo formó parte de una saca de presos junto a otros agricultores de Alcalá del Obispo. “Mi padre tiene 80 años”, recuerda Alberto, “y tres meses cuando se llevaron a Casimiro. Siempre le llenaba de tristeza que le preguntasen por él y recordarle el tema era provocar que terminase llorando. Plantearle la posibilidad de poder encontrar sus huesos y darle una sepultura digna, un sitio donde su hijo pueda llevarle unas flores y recordarle, ha levantado en casa un ánimo excepcional”.
Su familia fue “despreciada por el lado nacional que quedaba en el pueblo. Incluso recuerdo oír a mi padre decir que en el colegio hasta el maestro le llamaba ‘el hijo del rojillo’. En la familia siempre se ha intentado hablar un poquito bajo, de paso, por cierto temor, por no querer remover la historia y por miedo”. Nadie se da por vencido, y tanto los familiares como el Círculo Republicano seguirán pendientes de nuevos indicios, testimonios y documentos que ayuden a esclarecer el paradero de Casimiro.
El coste de estos trabajos de exhumación ha sido de 7.040 euros. El Círculo ha cubierto el 68 % gracias a una subvención otorgada por la Diputación Provincial de Huesca, pero para el resto de gastos se solicitó otra al Ayuntamiento y a la Comarca de La Hoya de Huesca que no llegaron, así que deberán hacerse cargo de esos más de 2.000 euros entre los familiares de Casimiro, el propio Círculo y aquellos que lo deseen en el número de cuenta de Ibercaja ES56 2087 2067 0603 3065 3663, con el concepto “Exhumación”.

Pendientes de la futura Ley de Memoria Democrática de Aragón

Según el mapa de fosas comunes de la Guerra Civil trazado por el Ministerio de Justicia, existen en la provincia de Huesca al menos 187 y solo 17 han sido exhumadas en su totalidad. La futura Ley de Memoria Democrática de Aragón establecerá un protocolo para dotar de más celeridad a las exhumaciones. El Círculo Republicano tiene en mente iniciar a finales de año los trabajos en el cementerio de Las Martires para hallar los restos de otro represaliado, Mariano Cuello Grasa. Quieren evitar su segunda muerte, como la de Casimiro Malo Satué, y cubrirles de dignidad y memoria.

LAVABOS DE PEDESTAL Y LOCIÓN “TABÚ”: LOS EXCÉNTRICOS LUJOS DE FRANCO EN BILBAO

https://federacion.republicanos.info/2017/07/25/lavabos-de-pedestal-y-locion-tabu-los-excentricos-lujos-de-franco-en-bilbao/



 
 
 
 
 
 
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La visita realizada por el dictador en junio de 1939 para celebrar el segundo aniversario de la “liberación” de esta ciudad motivó todo tipo de compras. Público ha accedido a varias facturas que permiten conocer los gustos excéntricos del dictador… y el primer pufo del régimen.
Todos los privilegios para Franco en Bilbao. / DANILO ALBIN
A lo largo de sus más de cien años de existencia, el viejo campo de San Mamés fue testigo de todo tipo de emociones. Si en el campo hubo miles de abrazos, en sus tribunas también. Sin embargo, hubo un día en el que la antigua “catedral” del Athletic Club –demolida a mediados de 2013- cambió la pasión de los goles por el aplauso de los verdugos. El 19 de junio de 1939, mientras Euskadi sufría represión y hambre, el dictador Francisco Franco entraba a ese mismo campo para celebrar el segundo aniversario de la “liberación de Bilbao”, eufemismo utilizado para describir la caída de esa ciudad en manos de los sublevados.
De aquel maldito día sólo quedaban las fotos publicadas por la prensa adicta al régimen, en las que podía apreciarse un San Mamés decorado con un poco original “Franco, Franco, Franco” sobre tela blanca que colgaba detrás de una de las porterías, o también la imagen del genocida paseándose por Altos Hornos de Bizkaia, la fábrica ubicada en Sestao que empleó a varios presos de la dictadura como mano de obra esclava. Sin embargo, Público ha obtenido varios documentos que permiten conocer la otra cara de aquella visita: mientras todo el país se hundía en la miseria, el militar genocida mantenía excéntricos lujos para él y su mujer, Carmen Polo.
Tales detalles quedan al descubierto en las facturas de los servicios que fueron contratados por la Diputación de Bizkaia en vísperas de la llegada de Franco a Bilbao. Según esos documentos, 17 empresas afincadas en “Vascongadas” –término preferido por la dictadura para referirse a este territorio- se encargaron de suministrar los materiales y artículos necesarios para satisfacer los deseos del “generalísimo”. 
Una de las compañías que hizo negocios gracias a esa visita fue la empresa de fontanería Isaías Ortega, que el 30 de junio de 1939 envió una detallada factura a Diputación en la que daba cuenta de los trabajos que realizarían sus operarios en la sede de esa institución antes de la llegada de Franco. Entre otras tareas, debían instalar “dos lavabos de pedestal con agua caliente y fría” que habían sido adquiridos a la Sociedad de Artículos de Construcción por 466 pesetas. También se colocarían “dos juegos de grifos cremados alemanes especiales”, “dos baldas gres esmaltadas de Porcher” o “una banqueta de baño al ducco”, según se describe en el documento.
Otra de las facturas –emitida por Antigua Droguería de Somonte- permite conocer cuáles eran los gustos del dictador y su mujer a la hora de echarse perfume: loción tabú y colonia Flor de Basón. Para no quedarse cortos, la empresa vendió a Diputación dos frascos de cada producto. También dispondrían de cuatro toallas crepé, dos pastillas de jabón lavanda, una caja de limas, dos peines, un alicate de uñas o dos cepillos para la cabeza y otros dos para las uñas, entre otros artículos que sumaban, en total, 245 pesetas.
Facturas del viaje de Franco a Bilbao.
Facturas del viaje de Franco a Bilbao.

Tapices prestados

La cosa no terminó ahí. Deseosos de agradar al dictador, los funcionarios vizcaínos se las ingeniaron para buscar tapices que decorasen el edificio de la Diputación durante su estadía. Para ello, el presidente de esa institución, José Luis Goyoaga, se encargó de enviar cartas a varios marqueses de la provincia para pedirles que prestasen gentilmente sus alfombras “para decorar el Palacio provincial y departamentos del mismo que ha de utilizar S.E. el Generalísimo con motivo de su visita a Bilbao”.
“Teniendo en cuenta que esa distinguida familia es poseedora de valiosos tapices, me permito dirigirle la presente confiado en su amabilidad, patriotismo y adhesión a nuestra Causa proverbiales en usted, para suplicarle que si no hubiere serio inconveniente en ello, tenga la bondad de poner dichos tapices a disposición del Sr. Arquitecto provincial, don Gonzalo Cárdenas, quien tiene adoptadas las medidas necesarias para su mejor conservación y custodia”, señalaba Goyoaga en la nota enviada a los aristócratas vizcaínos.
De acuerdo a los documentos consultados por Público, el Marqués de Olaso fue uno de los derechistas adinerados que accedió gustosamente a prestar sus tapices. “Puedes dar orden de que venga el señor Cárdenas a elegir los que quiera”, contestó desde su palacio en el barrio de Neguri. Lo mismo hicieron Pilar Villabaso, viuda del millonario Antonio Ybarra López de Calle, o el Marqués de Feria, entre otros representantes de la burguesía bilbaína.
Carta solicitando tapices para Franco.
Carta solicitando tapices para Franco.

Mal pagadores

Sin embargo, no todo fue lujo (aunque fuese prestado). Un año y medio después de aquella visita del dictador a Bilbao, una de las empresas que había ofrecido sus servicios seguía esperando que le pagaran. En enero de 1941, el gerente de “Sociedad Luis Castillo Cía. Ltda.” se veía obligado a enviar una carta al presidente de la Diputación de Bizkaia para pedirle que “se digne dar las órdenes oportunas para poder verificar su cobro, ya que en diversas ocasiones nos hemos personado en la misma sin obtener resultado satisfactorio alguno, pues nos indicaban que las facturas se habían extraviado”.
El primer pufo de la dictadura franquista no se saldaría hasta diez meses después, en noviembre de 1941. Recién entonces el Jefe de Negociado de Diputación emitió un informe en el que confirmaba que aún se mantenían esas deudas y ordenaba que las facturas en cuestión –que ascendían a 5.918 pesetas- fuesen, por fin, abonadas. La dictadura asesinaba rápido, pero pagaba lento. Muy lento.

81 años después, identificada la única foto de fusilados cordobeses antes de morir


http://cordopolis.es/2017/07/25/81-anos-despues-identificada-la-unica-foto-de-fusilados-cordobeses-antes-de-morir/


La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica pidió ayuda en redes sociales para dar con una imagen icónica, tomada el 25 de julio de 1936



Fotografía de Santos con los presos brazos en alto antes de ser fusilados.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica pedía ayuda por redes sociales. ¿Dónde fue tomada esta foto? La imagen, simple y terrible, muestra a un grupo de unas decenas de personas que están a punto de morir. Es 25 de julio de 1936 y es Córdoba. Y es el único testimonio gráfico en la provincia de un grupo de personas que segundos después van a estar muertas. Pero, ¿dónde ocurrió?
La fotografía, icónica, fue publicada el 21 de agosto de 1936 en el periódico La Voz, poco antes de que cambiase de nombre. Atribuida al fotógrafo cordobés Santos, que se movía entre las líneas franquistas, hablaba de “una población de la provincia”. El pie de foto, terrible, describía así la escena: “Nuestra foto de hoy muestra un detalle de la limpia de marxistas que realizan las fuerzas que luchan por España en los pueblos. Una columna de Córdoba, al llegar a una población de la provincia, en sus cercanías, detiene a grupos de fugitivos marxistas que huyen a la llegada del Ejército, buscando en la huida la impunidad de sus crímenes. Las fuerzas al servicio de la Patria están dando pruebas de un alto espíritu valeroso, de una heroicidad extraordinaria y de una magnífica disciplina”.


Buscamos ayuda para localizar el lugar de Córdoba donde fue tomada esa foto. Si sabes algo: memoria36@hotmail.com
La imagen había empezado a circular en redes sociales con cierta intensidad en el año 2013. Incluso había servido para ilustrar alguna noticia sobre la Guerra Civil española y la represión que la siguió. El testimonio gráfico es impresionante. No constan muchas más imágenes parecidas que no sean un montaje. Y menos en la provincia de Córdoba. Pero faltaba saber dónde estaba tomada.
Aunque tanto el profesor Francisco Moreno Gómez como el historiador Arcángel Bedmar identificaron el pueblo donde se tomó y la fecha en que se hizo (Fernán Núñez, 25 de julio de 1936), ha sido el periodista Antonio Villarreal el que ha dado con el lugar exacto en el que el fotógrafo Santos hizo clic.
Antonio Villarreal ha investigado las publicaciones de La Voz de Córdoba en días anteriores al 21 de julio. De hecho, el día 19 publicó una foto muy similar, con fusilados también brazos en alto poco antes de morir. No había duda, pertenecía a la misma secuencia de Santos, aunque el redactor de un periódico que fue republicano pero que el 18 de julio fue incautado por los golpistas (con su director y muchos de sus periodistas asesinados), identifica erróneamente con Baena.
El error de la imagen fue subsanado por Moreno Gómez y por Bedmar hace años, gracias a muchos testimonios orales. Pero ahora Antonio Villarreal ha identificado exactamente dónde ocurrió la gran matanza del día de Santiago de 1936 que muchos fernannuñenses han recordado a lo largo de generaciones.
Como detalla el propio Arcángel Bedmar en un extenso reportaje histórico, ese día una columna de voluntarios y falangistas apoyados por militares partió de Córdoba. Había pasado apenas una semana del golpe de estado, que triunfó en la capital pero no en los pueblos. El municipio más cercano a la ciudad por la antigua carretera de Málaga (hoy la N-331, que sigue teniendo el mismo trazado que entonces) era Fernán Núñez. Ahí llegó una columna que en unas horas venció la escasa resistencia armada del pueblo y que rápidamente comenzó una feroz represión. Al menos 53 personas fueron fusiladas ese mismo día (incluidas mujeres embarazadas). Hubo un centenar de detenidos y encarcelados, para ser asesinados poco después.
Pero, ¿dónde ocurrió? En 81 años, el paisaje de Fernán Núñez ha cambiado mucho. En las dos imágenes puede observarse, de fondo, un olivar. En primer plano están la carretera, algunos vehículos aparcados y una especie de era donde se solía aventar el trigo. De fondo, a la izquierda, un gran edificio, una construcción singular que, desgraciadamente, ha cambiado mucho hoy. Es la ermita del Calvario.
El trabajo de Antonio Villarreal, muy preciso, ha dado con el lugar exacto, muy alterado. Hoy ya no hay una era ni es visible el olivar del fondo. En su lugar, una tienda de muebles tapa parte de la visión de la actual ermita, muy reformada después de que sufriese ruina en varias ocasiones. Hoy, junto a la carretera, hay un ramo de flores. No es por las víctimas de aquel día, sino por un accidente de tráfico que desgraciadamente también ha regado esas cunetas de sangre.


La imagen, con los vehículos aparcados en la carretera de Málaga | SANTOS